El estudio eficiente del trabajo

Publicado el 19 de Octubre de 2005 por asetemyt en la categoría: métodos y tiempos, trabajo.

Me gustaría considerarme un abanderado de la actividad de métodos y tiempos. Creo que este tipo de trabajo sólo lo realiza, de forma continuada, el que comprende su filosofía y, aplicando grandes dotes de habilidad, paciencia, disciplina, creatividad y comunicación, intenta, no sin grandes sacrificios, convencer a otros de sus conclusiones.

Los métodos y tiempos, el estudio eficiente del trabajo, como a mí me gusta denominarlo, es una actividad que no se aprende en la universidad, que no se domina realizando cursos de aprendizaje, que no se ha coordinado desde colegios, normativas legales, exigencias de la administración… El estudio eficiente del trabajo requiere de unos conocimientos globales, de la aplicación de técnicas analíticas precisas, de la simplificación y la compilación de resultados e ideas, de la orientación de las conclusiones pero, sobre todo, el estudio eficiente del trabajo requiere de ACTITUDES. La valoración de las actitudes en este país es todavía una asignatura pendiente.

Mi experiencia, se remonta hasta hace aproximadamente 15 años cuando, de manera circunstancial, me tropecé con la posibilidad de asumir esta responsabilidad en una empresa cárnica en expansión. Me encontré con un gran problema, y no me planteé la posibilidad de retroceder. Ése fue mi primer proyecto, mi encuentro con el estudio del trabajo, un recuerdo que me gustaría compartir desde este artículo con todos los que, como yo, están enamorados de esta profesión.

El sistema ya estaba montado. Una consultora de Barcelona había implantado los estándares más importantes de los trabajos y procesos manuales de la fábrica. Sin embargo, habían transcurrido 10 años y los recursos destinados a su actualización eran insuficientes. El responsable de personal (ahora RR.HH.) recogió el testigo y me propuso el objetivo de actualizar y sanear el sistema en su globalidad. Entonces yo no sabía el trabajo que debía desempeñar, incluso ellos no dimensionaron el alcance y la importancia de los acontecimientos que se producirían a partir de ese momento.

El sistema de control de rendimientos personales no funcionaba, no era creíble y ocurría algo peor: asociado a los rendimientos personales, se había implantado un sistema de incentivos. El cóctel era explosivo, y todo ello unido a que los trabajadores, en muchos casos, cobraban el máximo de la prima y en otros el mínimo.

Mi primer planteamiento fue documentar todos los métodos de trabajo al tiempo que asociaba los estándares a dichos métodos. Me llevó unos meses recopilar toda la documentación. El segundo paso fue algo más complicado. Debía cronometrar unas actividades nuevas que iban a ser desarrolladas por “veteranos con el colmillo retorcido” (palabras del responsable de producción).

La opinión de los responsables de la emprea era que había que cronometrar “y ya está”, pero eso era el trabajo menos complejo. Ahí estaban doce trabajadores en una línea de despiece de carne fresca, con cuchillos en la mano y mirándome con ojos de “pocos amigos”, y yo con el reloj y la carpeta en una mano y el bolígrafo en la otra. La primera expresión de uno de ellos, cuando se acercó a mí como si fuéramos amigos de toda la vida, fue: “No te preocupes Jesús, que nosotros te vamos a ayudar, tu haz tu trabajo y nosotros el nuestro; aquí más de 15 unidades a la hora por persona es imposible, yo llevo mucho tiempo en esto y te lo puedo asegurar; te saldrá eso, pero tú haz tu trabajo, que yo no te digo nada…”.

Se me heló la sangre y estoy convencido que no he sido el único que ha pasado por esta experiencia. Sin embargo, mi compromiso era el de seguir hacia delante y así lo hice. Desde ese momento, mi esfuerzo se centró en dos objetivos personales y profesionales: el primero sería utilizar siempre la técnica de cronometraje (tipo Bedaux) de manera objetiva y fiel con el compromiso de no perjudicar conscientemente a los trabajadores. La segunda, desarrollar un sistema que se apoyara en los resultados obtenidos y que sirviera como herramienta para la gestión eficiente de la productividad.

Después de 10 años, el departamento de organización industrial a mi cargo contaba con ocho ingenieros, un delineante, un controller y uno o dos becarios. Realizamos proyectos de layout, reingeniería, estudios de implantación de TPM; iniciamos grupos de trabajo con personal intermedio y trabajadores, negociábamos nuevas implantaciones con los comités de empresa y participábamos en muchas de las decisiones industriales estratégicas.

Pero si algo he aprendido de aquella época, es que el ingenerio/técnico/analista en métodos y tiempos debe desarrollar unas actitudes que le faciliten las relaciones personales: asertividad, don de gentes, liderazgo, entusiasmo, interés humano, tacto, buena presencia, confianza en sí mismo. Y otras que le permitan conseguir los objetivos propuestos (las 4C): CURIOSIDAD, CORAJE, CONFIANZA y CONSTANCIA.

Hace ya casi dos años que decidí iniciar mi andadura en solitario con el objetivo de ayudar a otras empresas a conseguir aquello que se proponen. Nuestro mensaje, “no se conforme con lo que es, sino con aquello que puede llegar a ser”; nuestro sistema, GESTIÓN DE LA EFICIENCIA; nuestro compromiso, compatibilizar las aptitudes con las actitudes (lo técnico con lo humano).

En la actualidad, hemos desarrollado un sistema de control basado en los indicadores de la empresa que establece unos objetivos y crea una dinámica de seguimiento de los mismos con reuniones operativas, de coordinación, informativas, planes de formación, comunicación y participación de todo el personal.

Como decía al principio de este escrito, soy un enamorado de la creatividad que proporciona el estudio del trabajo, además de un convencido de las posibilidades que tienen las empresas de mejorar su productividad. Disponemos de la mejor herramienta pero, a veces, ofrecemos los resultados para que otros aprovechen nuestro know-how en su propio beneficio.

La unidad e involucración activa de los profesionales y empresas dedicadas a esta labor es algo que siempre he echado de menos. Aplaudo el esfuerzo que Asetemyt está realizando para conseguir este objetivo y desearía que, en un futuro no muy lejano, la identidad de los profesionales del estudio científico del trabajo fuera reconocida y valorada como merece.

Jesús Almoguera Fernández
Socio Director de TDR, Logistrans, S.A.

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